Cultura argentina, Literatura, Traducción

Traducir y localizar: ¿hasta qué punto?

La mayoría de los proyectos de traducción en los que trabajo son al español de Estados Unidos. Así que estoy acostumbrada a usar usted y en las traducciones y a usar las conjugaciones correspondientes. Por algún motivo extraño, tengo que pensar dos veces para traducir al español argentino (a español) las pocas veces que me toca un proyecto en esa combinación o cuando traduzco un artículo para mi blog[1].

Quizás los traductores del área de marketing tienen más oportunidades de usar el español argentino. Muchas empresas extranjeras reconocen la importancia de la lengua materna y de usar expresiones con las que las personas puedan identificarse. Por eso, en Argentina hace años que nos dicen, por ejemplo: Hacele caso a tu sed; Cortá con tanta dulzura; Llegá más lejos; Vos manejás, nosotros cuidamos tu Mercedes; Porque vos lo valés; Lo que querés ver cuando lo querés ver; cuando en otros países dicen: Hazle…; Corta…; Llega…; Tú manejas…; Porque tú lo vales; Lo que quieres ver cuando lo quieres ver.

La localización es lo ideal cuando el objetivo de un texto es que sea fácil de entender o que cale hondo para motivar al que lo ve o lo escucha a hacer algo. Pero no todos los textos tienen ese fin. Los textos literarios nos trasladan a otros mundos, reales o imaginarios, ubicados en otras geografías y en otras épocas y también en otros lenguajes, aun si se trata de una variante del mismo idioma que hablamos.

“Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, esa materia con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. ‘No es el libro. No es la historia. Es el lenguaje, tan argentino’, se me dijo en muchas ocasiones”. María Teresa Andruetto. Discurso de cierre del Congreso Internacional de la Lengua Española, Córdoba (Argentina), 2019.

No necesitamos un “español neutro” para entender a otro hispanohablante. Es interesante conocer las palabras que se usan en otros lugares o los distintos significados que tienen las palabras que nosotros mismos usamos. Y por lo general, no es tanto que nos impida entender la idea general de un texto ni que resulte tedioso por estar buscando el significado de cada palabra.

“Me ha pasado que una editora española haya pretendido cambiar ‘durazneros’ por ‘melocotoneros’ con la extraña fundamentación de que en España nadie entendería la palabra ‘duraznero’. Pero sucede que ‘melocotonero’ es una palabra tan artificial para un argentino que nunca jamás podría usarla”. Ibidem.

¿Qué pasa con las traducciones?

Cuando un texto está escrito en una lengua completamente diferente, es necesaria la traducción para acercar al lector a ese mundo. Y acercarlo lo más posible, pero ¿hasta dónde?

“Creo que el traductor debe atreverse a usar la lengua de su comodidad con todas sus peculiaridades, pero fijándose un límite; no ha de llegar hasta el extremo en que la reinvención se vuelva tergiversación y desplazamiento. […] Hacer hablar de vos a los personajes de una novela inglesa o francesa es desplazar violentamente un mundo hacia otro mundo”. Enrique Pezzoni en El oficio de traducir[2]

En 2012, un artículo del número especial de la Revista Ñ dedicado a la traducción decía esto:

“Lo laborioso es que un discurso parezca natural sin serlo: que un personaje parezca de Denver sin decir una sola palabra propia de Denver. […] En verdad, las cosas no se llaman del mismo modo. Sin embargo, los lectores argentinos (o los chilenos o los mexicanos o todos) no esperan que en una traducción extranjera figuren las palabras que se utilizan en su entorno”.

El artículo dice que hasta se “horrorizan de los resultados”. Es muy probable que se deba a la costumbre de leer libros traducidos a un “español neutro” (que en realidad muchas veces es el español ibérico). Esa es una de las conclusiones que extrajo la traductora Soledad Blanco de una encuesta que hizo, justamente, para averiguar qué variedad del español prefieren los lectores argentinos en una traducción literaria. La segunda conclusión que menciona es que “la mayoría de los lectores considera poco natural que en un escenario extranjero, los personajes usen palabras típicas de nuestro español”. Y es que, en realidad, yo no me imagino que Hamlet le conteste a Polonio: “Puro chamuyo” o “Pura sanata”[3]. Salvo que se trate de una adaptación, claro.

Por otro lado, se puede argumentar que al usar palabras que no son comunes para el lector, se lo “distrae” innecesariamente. Así lo afirma el poeta y traductor Jorge Fondebrider, que este año publicó su traducción de Heart of Darkness (Joseph Conrad), Corazón de las tinieblas. “Si en inglés tengo la palabra kettle, para nosotros no es un “hervidor” o una “tetera”, sino una “pava”. Aunque parezca una limitación, si pongo “hervidor” o “tetera” estaría distrayendo al lector argentino, uruguayo y paraguayo, y agregando un motivo de exotismo a una frase que en el original no es exótica”.

En algunos textos es más fácil encontrar soluciones de traducción que en otros. Como dice Eco, todo termina siendo una cuestión de negociación: algo se gana, algo se pierde, pero “no es posible tenerlo todo”.

pero el tema todavía da para más

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Fuentes consultadas:

María Teresa Andruetto. Discurso de cierre del Congreso Internacional de la Lengua Española, Córdoba (Argentina), 2019.

Sanchez Sorondo, F. “El oficio de traducir”, Revista SUR, 1976, págs. 116-126. En la página 124 empieza la sección de Enrique Pezzoni. Disponible en formato digital en el catálogo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Gargatagli, M. “La traducción neutra no es una pipa”, Revista Ñ, n.º 469, 2012. Págs. 16 y 17.

Blanco, Soledad. Neutro o argento: ¿Qué variedad de español prefieren los lectores argentinos en una traducción literaria? [Consulta: 4 de noviembre de 2020].

Shakespeare, W. The Tragedy of Hamlet, Prince of Denmark. 1603. Project Gutenberg.

Shakespeare, W. Hamlet. 2003. Biblioteca.org.ar.

Traducir una y mil veces, una tarea indispensable que revaloriza las lecturas. [Consulta: 9 de junio de 2021].

Eco, U. Decir casi lo mismo. Cuarta edición. Barcelona, Penguin Random House, 2008. Traducción de Helena Lozano Miralles.

Crédito de las imágenes:

Jessica Ruscello, Unsplash.

[1] Con el consentimiento de la autora, hasta ahora traduje tres artículos de Daphne Gray-Grant.

[2] Pezzoni agrega: “Creo que no necesito aclarar hasta qué punto era ridículo, por otro lado, el hábito de hacer tutearse, con , a los personajes en novelas o piezas escritas originalmente en argentino”.

[3] El original es “Words, words, words” y se ha traducido al español como “Palabras, palabras, todo palabras”.

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