Literatura, Traducción

Del Quijote a la traducción

Como mencioné en mi artículo anterior, la novela cervantesca Don Quijote de la Mancha tuvo un gran impacto en la literatura universal. Pero para llegar a ser reconocida a un nivel tan global, es inevitable considerar que la traducción estuvo de por medio. Además, en el mismo contenido hay alusiones a la traducción y a los traductores.

¿El segundo libro más traducido?

El Quijote tuvo gran éxito en español y se empezó a difundir enseguida en este y otros idiomas. La primera traducción que se hizo del Quijote fue al inglés y se publicó en 1612, apenas 7 años después de la primera edición en español. La segunda parte del Quijote (1615) ya tenía su traducción al inglés para 1620. En francés, se publicó en 1614 (la Primera parte) y en 1618 (la Segunda parte). La traducción al italiano apareció en 1622. En alemán se publicó una traducción parcial en 1621, luego completa en 1648.

En los siguientes 400 años se siguió traduciendo a muchas más lenguas, entre ellas, el chino, el hindi, el finlandés, el húngaro, el vietnamita y, hace poco, incluso al espanglish. Según el Instituto Cervantes, hay traducciones en más de 140 idiomas[1]. Quizás en años (muy) recientes, este clásico haya sido desplazado de su puesto como el segundo libro más traducido después de la Biblia. Por ejemplo, El principito, del francés Antoine de Saint-Exupéry, se ha traducido a más de 250 idiomas[2]. De todos modos, tampoco se sabe exactamente en cuántos idiomas está disponible el Quijote. Lo que sí se sabe es que sigue siendo un clásico de la literatura universal.

Cide Hamete Benengeli, autor del QuijoteEl_ingenioso_hidalgo_don_Quijote_de_la_Mancha

En el capítulo IX de la Primera parte, el narrador nos dice que el texto que estamos leyendo fue escrito “por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo”. Según el narrador, él se encontró con este texto, escrito en árabe, y le encargó a un “morisco” que traduzca esos caracteres arábigos a la “lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada”. El traductor “prometió de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad”[3].

No es el único caso en la historia de la literatura en el que se hace pasar un original por una traducción y viceversa. David Bellos menciona otros ejemplos en su libro Is That a Fish in your Ear?[4]. Parece que este recurso de plantear un original como una traducción, abre caminos y posibilidades interesantes. Por ejemplo, en el caso del Quijote, “lo que provoca la sorpresa en todos los casos es la diferencia que va de la realidad a la realidad disfrazada” (lo que realmente pasa y lo que Don Quijote cree que pasa) y lo mismo pasa con el texto de la novela, “un texto en árabe que se nos presenta disfrazado de texto en castellano”[5].

Pierre Menard, autor del Quijote

¿Cide Hamete? ¿Pierre Menard? ¿Es que a Miguel de Cervantes le cuestionan la autoría de sus obras, como a Shakespeare? No. Cide Hamete fue idea del mismo Cervantes. Pierre Menard, idea de Borges.

 “No quería componer otro Quijote —lo cual es fácil— sino el Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran ­palabra por palabra y línea por línea­ con las de Miguel de Cervantes”.

Eso es lo que dice el narrador del cuento borgiano Pierre Menard, autor del Quijote. Este cuento habla de los lectores, de las múltiples interpretaciones que le da un lector al texto que tiene entre manos y cómo estas interpretaciones le dan un nuevo significado a la obra. Un lector del siglo XXI no experimenta la lectura del Quijote de la misma manera que un lector del tiempo de Cervantes, por ejemplo. Las experiencias vividas, los conocimientos de cada uno, además de la época y el entorno son solo algunos factores que influyen en nuestra forma de ver la literatura.

Pero también habla de la traducción. Después de todo, “el lector ideal es un traductor”.

El lector ideal es un traductor. Es capaz de desmenuzar un texto, retirarle la piel, cortarlo hasta la médula, seguir cada arteria y cada vena, y luego poner en pie a un nuevo ser viviente.

Alberto Manguel

Y la tarea del traductor es justamente lo que ambicionaba este personaje: “repetir un libro ya existente en una lengua extranjera”, “decir casi lo mismo”[6].

Menciones de la traducción en el Quijote: citas textuales

“…aquí le perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mismo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que, por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento” (capítulo VI de la Primera parte).

“…tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos. Y, puesto que, aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues, aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara”.

“Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad. Pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mismo modo que aquí se refiere” (capítulo IX de la Primera parte).

 “…con todo esto, me parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que, aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se ven con la lisura y tez de la haz; y el traducir de lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel. Y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir; porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre, y que menos provecho le trujesen. Fuera de esta cuenta van los dos famosos traductores: el uno, el doctor Cristóbal de Figueroa, en su Pastor Fido, y el otro, don Juan de Jáurigui, en su Aminta, donde felizmente ponen en duda cuál es la traducción o cuál el original” (capítulo LXII de la Segunda Parte).

¿Qué opinás de la traducción de obras literarias? ¿Te parece que “se pierde” al pasar de una lengua a otra? Dejá tu opinión, consulta o sugerencia en los comentarios. Si te pareció interesante, hacé clic en “Me gusta” y compartilo con tus amigos.

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Fuentes consultadas:

http://www.bne.es/es/quijote/

Valentín García Yebra. El Quijote y la traducción «En otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trujesen». Revista Panace@, Vol. VI, N.º 21-22. Diciembre de 2005.

George Steiner. Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción. 2001, 3.ª edición. Trad. de Adolfo Castañón y Aurelio Major.

[1] En este enlace se puede acceder al texto en unos 48 idiomas.

[2] El dato está extraído de la Encyclopaedia Britannica en línea. Según este artículo de The Guardian, El principito está traducido a 300 idiomas. Ambas publicaciones tienen fecha de 2018.

[3] Este traductor, además de conformarse con “con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo”, añade explicaciones del lenguaje y la cultura originales, pero también hace comentarios sobre el original, da su opinión al respecto y hasta “omite” fragmentos que considera superficiales. Eso sí, no hace ningún comentario cuando don Quijote habla mal de la traducción. Al que quiera leer más sobre este tema y sobre el sinuoso camino que se genera al plantear este relato como una traducción, le recomiendo esta presentación de Santiago Maspoch Bueno: “El traductor en el Quijote.

[4] Capítulo 4: Things People Say About Translation.

[5] Santiago Maspoch Bueno. “El traductor en el Quijote. Y agrega: “En efecto, si según hemos visto a propósito de la descripción de la casa del caballero del Verde Gabán el traductor no es fiable y si además se da por supuesto que tanto este como el autor árabe mienten, resulta que el traductor miente en su traducción de Cide Hamete quien, a su vez, miente sobre la realidad de don Quijote. El resultado es la novela total en el sentido de que se nos han dado las claves para que o no la creamos o la creamos según nuestro albedrío.”

[6] Según las palabras de George Steiner y Umberto Eco, respectivamente.

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